Irregular e impredecible

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Pocos pronósticos pueden ser acertados a la hora de reflexionar sobre el futuro de Independiente. La holgada victoria ante Newell’s hacía prever una levantada y una mejora en el nivel de juego del equipo. Incluso hasta el más pesimista de los hinchas imaginaba un triunfo ante a Quilmes, último en el torneo, con la soga al cuello y puntaje en cero. Nada de eso ocurrió.
El Rojo dejó pasar una chance inmejorable de seguir despegándose de la zona caliente de los promedios, en la cual hay equipos que dejan puntos en el camino y crean un clima propicio para que cualquier plantel en situación de riesgo pueda tomar aire con una racha de triunfos. Independiente es uno de esos planteles, pero no aprovecha ese clima.
El punto clave del empate de Quilmes comenzó con una modificación en la segunda etapa del encuentro. Con la ventaja por la mínima diferencia en el marcador y un Jairo Castillo recién retirado por lesión, Antonio Mohamed decidió tener más la pelota en el mediocampo y cesar en ataque, lo que plasmó con el ingreso del cuestionado Roberto Battión en lugar del delantero colombiano. El cambio no hizo más que invitar al rival a acercarse cada vez más al arco defendido por Hilario Navarro hasta lograr el empate, que luego consiguió a través de Morales.
El Turco no pudo resolver esa situación adversa desde el banco, y una vez más quedó como blanco de las críticas al escapársele de las manos un partido totalmente ganable, que terminó en empate y que de milagro no lo dejó con las manos vacías sobre el final. A la mala suerte de antes, se suma la imprecisión de siempre y el desacierto de ahora. Todo se combina para que el equipo no pueda salir a flote en forma definitiva.
A esta altura no se puede prever el rumbo de éste Independiente que parecía resurgir del letargo y encontrar paz en medio de la tormenta, y que en la actualidad volvió a recibir un golpe nocaut. Lo cierto es que sólo Dios sabe la forma de revertir la situación. Tal vez la igualdad ante Quilmes fue un tropiezo momentáneo, que puede ser el punto de partida para terminar de levantarse; o puede ser un golpe de realidad que muestre un callejón sin salida. Claramente no se puede predecir.

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