Después del empate del domingo pasado ante San Lorenzo, los medios hicieron eco de la situación crítica de Independiente de cara al final de la temporada. No era para menos: las estadísticas mostraban que de caer ante Olimpo, el Rojo caería irremediablemente en zona de Promoción, esa que tantas veces había sido motivo de burla hacia el clásico rival de barrio y que ahora estaba por cruzar de vereda. Pero la realidad fue otra y la historia no se vio manchada, ya que los once del Turco jugaron un gran partido y se trajeron un vital y merecido triunfo desde Bahía Blanca.
Seguramente pocos hinchas imaginaron lo que finalmente ocurrió en el estadio Roberto Carminatti. Con un planteo ofensivo, Antonio Mohamed fue a buscar los tres puntos desde el minuto inicial y supo acomodar el equipo para cubrir los pequeños espacios que el Aurinegro dejaba en el terreno de juego. De esta forma, logró lo que muy pocos entrenadores lograron: saberle jugar a Olimpo, uno de los conjuntos más complicados del Clausura 2011 y de la temporada.
Tanto en el primer tiempo como en la segunda etapa, el eje del ataque rojo fue la iniciativa de Patricio Rodríguez, quien finalmente dejó de ser “Patito” para comenzar a ser “Pato” y consolidarse como la figura indiscutida de la noche. Una vez más, su desequilibrio fue fundamental para penetrar la defensa del local y llevar peligro al arco defendido por Tombolini. Fue muy importante, también, la ayuda de Fredes y Pellerano en la tenencia de la pelota y el correcto armado del circuito de juego, tanto para salir del fondo como para distribuir de mitad de cancha hacia adelante.
A todos los pilares mencionados se sumó, cuándo no, la incansable voluntad y entrega de Facundo Parra, quien nuevamente dejó la vida en la cancha y se dio el gusto de abrir el marcador, afirmándose como goleador del equipo en el torneo. Es una lástima que sus compañeros no hayan tenido su misma suerte, ya que Iván Vélez y el Cuqui Silvera perdieron goles increíbles que hubiesen liquidado el partido mucho tiempo antes. Pero Independiente tuvo que sufrir hasta el final, o hasta que el Pato se iluminó: con una jugada “bochinesca”, el 10 sacó a pasear a toda la defensa aurinegra al eludir varios jugadores y marcó el golazo que selló la justa victoria del Rojo en Bahía Blanca.
Lo de sufrir era en serio, ya que en el período adicionado (fueron seis minutos por expulsión de Domínguez y atención médica al Pato) los dirigidos por Mohamed se pegaron un pequeño susto con el descuento de Furch, pero gracias a Dios no quedaba tiempo para más y el árbitro Pablo Lunati, de discreta labor, le bajó la persiana a la primera “final” para salvarse de todo, que por obra del destino y fiel a su historia, dejó como victorioso a Independiente.
Así las cosas, el Turco trabajará con mucho más aire que otras veces en vistas al partido del sábado ante Colón. Hubiese sido más que vergonzoso comenzar el lunes viendo al Rojo de Avellaneda entre los que luchan por no descender, pero gracias al compromiso mostrado por los jugadores y el cuerpo técnico se pudo ganar un partido “de 6 puntos” para evitar que la historia se manche. De seguir éste camino, seguramente todos se olviden de la fatídica tabla de promedios para volver a pensar en grande de una vez por todas.



