{"id":32924,"date":"2013-06-05T17:42:34","date_gmt":"2013-06-05T20:42:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.locoxelrojo.com.ar\/independiente\/?p=32924"},"modified":"2013-06-05T20:26:02","modified_gmt":"2013-06-05T23:26:02","slug":"aspirinas-y-caramelos-audio-incluido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.locoxelrojo.com\/independiente\/2013\/06\/05\/aspirinas-y-caramelos-audio-incluido\/","title":{"rendered":"Aspirinas y Caramelos (audio inclu\u00eddo)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Luciano Olivera, hincha de Independiente, escribi\u00f3 una carta sobre la situaci\u00f3n del &#8220;Rojo&#8221; y el recuerdo de su padre que falleci\u00f3.<\/strong><\/p>\n<p>Un relato muy emocionante. Juan Pablo Varsky, conductor de &#8220;No somos nadie&#8221; en Metro 95.1, ley\u00f3 lo que escribi\u00f3 Olivera al aire y se quebr\u00f3 en el final. Les recomendamos escucharlo.<\/p>\n<p><strong>Pueden hacerlo en este link:<\/strong> <a href=\"http:\/\/hombredecampo.tumblr.com\/post\/52217242939\/asi-leyo-aspirinas-y-caramelos-el-querido-juan\">Escuchar audio completo<\/a><\/p>\n<p><strong>El texto entero:<\/strong><\/p>\n<blockquote><p>La primera vez que tuve la sensaci\u00f3n de que mi viejo se mor\u00eda, que lo vi d\u00e9bil de verdad, fue yendo a ver al Rojo.<\/p>\n<p>Rodolfo (as\u00ed se llamaba) era periodista. Trabajaba en tele, en radio, en gr\u00e1fica. Los viernes sol\u00eda llegar con un regalo: credenciales de Prensa para la cancha. Yo crec\u00ed acostumbrado a los lugares privilegiados. Vi muchos partidos en las cabinas, al lado a los relatores de las radios, o en plateas &#8220;lujosas&#8221;. Era parte de la &#8220;chapa&#8221; de mi pap\u00e1.<\/p>\n<p>Pero en 1980, la mano ven\u00eda distinta. El viejo estaba sin laburar en los medios. En la Argentina de la plata dulce, hab\u00eda puesto un kiosco en la galer\u00eda de al lado de Sadaic. Ese negocito, \u00faltimo bien de una extra\u00f1a herencia familiar, no daba para ning\u00fan lujo. Viv\u00edamos con lo justo. Para colmo, al periodista le faltaba el &#8220;brillo&#8221; de la profesi\u00f3n. El otrora escriba reconocido y jefazo, ahora expend\u00eda alfajores, turrones y 43\/70. Un dato: lo hac\u00eda de saco y corbata. Me cuesta recordarlo con otro ropaje. Era casi su uniforme.<\/p>\n<p>Es posible que yo, con 11 hincha-bolas a\u00f1os, haya insistido en ir a la cancha ese d\u00eda caluroso de diciembre. Jug\u00e1bamos el partido de vuelta de una semifinal del Nacional. Racing de C\u00f3rdoba nos hab\u00eda ganado 4 a 0 en la ida, pero vaya a saber que extra\u00f1o convencimiento nos llevaba a creer que lo pod\u00edamos dar vuelta.<\/p>\n<p>Tomamos el bondi a Avellaneda (ya no ten\u00edamos el Fiat 800 que se hab\u00eda ido para pagar una deuda) y encaramos la larga caminata por la siempre convulsionada Alsina. Eramos miles los que camin\u00e1bamos hacia el estadio de la Doble Visera envueltos en banderas, gorros y entonando cantitos que promet\u00edan que &#8220;vamos a salir campe\u00f3n.&#8221;<\/p>\n<p>Llegando a las boleter\u00edas, vi que el viejo encaraba para la fila de la Popular. Debe haber visto la cara de decepci\u00f3n del nene acostumbrado a las cabinas y las plateas. Me dijo algo as\u00ed como &#8220;hoy vamos ac\u00e1, es mejor&#8221;. No le cre\u00ed. Entend\u00ed que era lo que se pod\u00eda.<\/p>\n<p>La fila de al lado, la de las butacas, era m\u00e1s ordenada. La de la General era un caos de empujones, gritos. Mi viejo -vale la pena recordar que lo suyo eran las letras m\u00e1s que las multitudes.- pujaba por llegar a la ventanilla, pero no avanzaba. De pronto lo vi salir de ese marea de compradores de \u00faltimo momento. &#8220;Vamos, esto no es para nosotros&#8221; me dijo.<\/p>\n<p>Me sali\u00f3 de adentro un &#8220;Y si vamos a la platea?&#8221; Creo que mi pregunta fue un pu\u00f1al. Me contest\u00f3 &#8220;No tenemos plata&#8221;. Recuerdo la sequedad de la respuesta. Hoy entiendo que era la \u00faltima armadura de un tipo disminuido, que no pod\u00eda cumplirle &#8220;algo&#8221; a su hijo. Era grave? No, claro que no. Pero evidentemente para \u00e9l ten\u00eda un simbolismo. Ya no era lo que hab\u00eda sido. No se le abr\u00edan las puertas de las cabinas. No llegaba a comprar dos plateas. Empezaba a no poder.<\/p>\n<p>Con aire de vencidos, volvimos por Alsina, una calle que siempre me pareci\u00f3 horrenda. Mientras nos alej\u00e1bamos del estadio, recuerdo haber escuchado el rugido de las tribunas, exaltadas por la salida del equipo.<\/p>\n<p>A las pocas cuadras, mi viejo detuvo su caminata. Me mir\u00f3 y me dijo &#8220;esper\u00e1 un segundo&#8221;. Se sent\u00f3 en el portal de una casita. &#8220;Qu\u00e9 te pasa?&#8221; le dije. &#8220;No me siento muy bien, ya se me pasa&#8221;. Una se\u00f1ora que ve\u00eda la escena desde adentro de la casa sali\u00f3 y le dio un vaso de agua. La situaci\u00f3n no dur\u00f3 mucho, se recompuso r\u00e1pido. Al rato est\u00e1bamos de nuevo en el colectivo y media hora m\u00e1s tarde, en casa.<\/p>\n<p>Lo que podr\u00eda haber sido un simple sofoc\u00f3n, fue para mi una se\u00f1al grave. No se bien porqu\u00e9, pero ese d\u00eda de diciembre, algo me dijo que mi viejo se me estaba muriendo. Ten\u00eda ins\u00f3litos y j\u00f3venes 53 a\u00f1os, pero fumaba mucho, hab\u00eda tenido un pre infarto un par de a\u00f1os antes, no se cuidaba. Y estaba (comprend\u00ed muchos a\u00f1os despu\u00e9s) muy deprimido.<\/p>\n<p>Rodolfo se fue un a\u00f1o y medio despu\u00e9s, sin dar demasiada lucha, sin comprender que era m\u00e1s importante cuidarse que entregarse al vicio que lo hab\u00eda tomado a los 14 a\u00f1os y del que, para colmo, estaba orgulloso. Nos dej\u00f3 r\u00e1pido. Mi enojo con \u00e9l, por no haber estado, por no haber bancado, por no haber peleado, dur\u00f3 a\u00f1os. Muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Ese hombre que se fue envuelto en debilidades, antes de apagarse, fue mi \u00eddolo. Ese porte\u00f1o tanguero que no me leg\u00f3 un mango, me dej\u00f3 un pu\u00f1ado de cosas invalorables: el gusto por la historia, la pasi\u00f3n por la lectura, el placer por una buena partida de ajedrez, el ate\u00edsmo, una imagen de decencia inquebrantable que fue clave para que yo no me desviara cuando me tentaron. Y claro, el paladar negro de hincha de Independiente.<\/p>\n<p>De muy chico aprend\u00ed dos versos : Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla (el primero) y Miceli, Ceconatto, Lacacia, Grillo y Cruz (el segundo). Se dicen de corrido, r\u00e1pido, porque decirlo as\u00ed es se\u00f1al de que sabes.<\/p>\n<p>Nos recuerdo embanderando juntos la casa, mientras esper\u00e1bamos que la Central Terrena de Balcarce retransmitiera la se\u00f1al de alguna final de la Libertadores jugada en Montevideo, en San Pablo, en Santiago. Nos veo saltando y gritando goles de Bertoni que ya van a venir, repitiendo Bo Bo Chini hasta la afon\u00eda, aplaudiendo barridas de Pancho Sa, corajeadas del Mencho Balbuena, tiros libres de Pavoni. Me gustaba escuchar aquella an\u00e9cdota de una tarde en la que Bernao se hab\u00eda acercado a plena platea baja y le hab\u00eda dedicado un gol a mi vieja. Amaba a Boneco, aquel perro pulgoso que sal\u00eda a la cancha con el primer equipo, llevando en su boca el bander\u00edn del CAI.<\/p>\n<p>Cuando yo era chiquito, Rodolfo sol\u00eda venir con un caramelo. Me lo daba y me dec\u00eda &#8220;te lo manda el se\u00f1or Independiente&#8221;. A veces, en vez de una golosina tra\u00eda una aspirina. Ante mi mirada de asco, respond\u00eda &#8220;te la manda el se\u00f1or Racing&#8221;. Era un tipo serio, pero cuando quer\u00eda, ten\u00eda salidas memorables.<\/p>\n<p>El viejo se fue en junio -vaya casualidad- del 82. No lleg\u00f3 a ver el gol de Percudani al Liverpool. Tampoco vivi\u00f3 esa tarde en la que salimos campeones frente a un Racing que descend\u00eda. Pero su vida estuvo repleta de vueltas ol\u00edmpicas, de haza\u00f1as, de gloria internacional. De eso, se fue lleno.<\/p>\n<p>Escribo esto en plena agon\u00eda. A no ser que obre un milagro, en tres semanas nos habremos ido a la B.<\/p>\n<p>No se que pensar\u00eda Rodolfo ahora, pero estoy seguro que jamas se le cruz\u00f3 por la cabeza que su invencible equipo repleto de copas, estuviese as\u00ed, casi sentenciado, a d\u00edas de adquirir esa mancha imborrable.<\/p>\n<p>Me cost\u00f3 a\u00f1ares despedirlo, hacer un duelo como corresponde. Creo que una buena parte de mi tristeza actual tiene que ver con que no puedo parar de recordarlo. De recordarte.<\/p>\n<p>Volv\u00e9 viejo. Aparecete de traje, envuelto en una bandera roja. Decime que todo esto es una aspirina que me mand\u00f3 el se\u00f1or Racing. Que nosotros comemos caramelos, porque los amargos son ellos. Ense\u00f1ame de nuevo a aplaudir un sombrerito del Bocha. Agarrame de la mano para gritar un gol de Bertoni.<\/p>\n<p>Si no podes volver, te entiendo. Ya es hora de banc\u00e1rmela solo. Ser\u00e9 digno. Aunque, te aviso. A escondidas de Lola, voy a llorar.<\/p>\n<p>Chau viejito. Descans\u00e1 en el cielo inexistente de los ateos. Alg\u00fan d\u00eda vamos a volver.<\/p>\n<p>Este tambi\u00e9n es un modo, tard\u00edo, de despedirte.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luciano Olivera, hincha de Independiente, escribi\u00f3 una carta sobre la situaci\u00f3n del &#8220;Rojo&#8221; y el recuerdo de su padre que falleci\u00f3. Un relato muy emocionante. Juan Pablo Varsky, conductor de &#8220;No somos nadie&#8221; en Metro 95.1, ley\u00f3 lo que escribi\u00f3 Olivera al aire y se quebr\u00f3 en el final. Les recomendamos escucharlo. 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